viernes, 7 de junio de 2013

Hoy en día, la tecnología es un auténtico boom para el ser humano. Nos ha ido invadiendo poco a poco como una herramienta que satisface nuestras necesidades de conocimiento, inmediatez y relación. Vivimos en un mundo en el que la televisión, las consolas, los móviles y, sobre todo, los ordenadores son algo primordial. Son aparatos con los que la gente convive llegando a depender o incluso añorar.
Actualmente, puedes ir en un autobús y bajarte sin haber cruzado miradas, sin haber sentido que la gente notaba tu presencia, y es que en ese momento se encontraban inmersos en un mundo paralelo, el mundo internauta. Es una pena que los ciudadanos no miren los escaparates, el tráfico, las calles, la vida o a las personas a la cara, porque estén mirando una pantalla. G. García Márquez dijo que no era la pantalla la que daba vida y en este caso puedes estar desperdiciando millones de escenas que quizás, sean significativas para ti.
Debemos plantearnos la definición de la palabra “presencia”, puesto que ya no podemos nombrarla refiriéndonos solo al aspecto físico, sino también a la presencia virtual. Esto muestra uno de los principales problemas que se encuentran integrados en la vida de los jóvenes. Por medio de las redes sociales, se conoce a gente, se mantienen las amistades lejanas, se chatea con amigos, te pones en contacto con quien quieras de forma inmediata… pero a la vez, se vulneran las relaciones entre las personas, puesto que estar presente solo virtualmente no te permite estrechar lazos o crear vínculos fuertes. Para esto es necesario tener vivencias y experiencias.
Las redes sociales son un tipo de canal en el que es más fácil decir lo que se piensa, hacen que la gente se abra mostrando sus sentimientos, por lo que a la vez es una oportunidad de conocer mejor a las personas, sobre todo a los tímidos. Pero a la vez, esto hace que no superen sus barreras y digan las cosas a la cara, arriesgándose, teniendo la oportunidad de ver los rostros de las personas tras recibir noticias buenas, malas o regulares. Si esto sigue así llegaremos a un punto en el que las relaciones cara a cara llegarán a ser incómodas.
Además, con las redes sociales nos exponemos a todo el mundo, subiendo imágenes, vídeos, contando constantemente lo que hacemos… El Twitter, por ejemplo, lo utilizamos como una especie de diario al que confesamos nuestros secretos.
Nos estamos dejando llevar por las nuevas tecnologías, ya que nos hacen la vida más sencilla. Fernando Savater dijo: “mientras avance la tecnología, nadie lamentará el retroceso del pensamiento”, y esto es lo que está pasando. La comodidad, inmediatez y premura nos llevan a acudir a Internet en todo momento sin preocuparnos de estar convirtiendo nuestro cerebro en una maquinaria vaga, despreocupada y cada vez con menos perspicacia, ya que todo lo tenemos al alcance con un simple clic.

Sócrates decía que a medida que el ser humano obtiene ideas del exterior deja de depender de sus propios contenidos. Internet busca la información por nosotros, nos la almacena, guarda nuestros recuerdos… Estas son funciones que debemos hacer por nosotros mismos, puesto que si hay recuerdos que desaparecen de nuestra mente será porque deben desaparecer e Internet no tiene ningún derecho a recordárnoslo.

Si esto sucede es porque en ningún momento hemos rechazado las comodidades que nos ofrece Internet y, de hecho, sería antinatural, pero debemos tener en cuenta que hay que utilizarlo en su justa medida, sin permitir que la tecnología sobrepase la humanidad. Ya que para utilizar aparatos tecnológicos necesitamos batería, electricidad, pilas… y la vida solo debería ser recargada con las incontables vivencias que la constituyen dando lugar al mundo real.


Yolanda Rubio Fernández  1º Bach D.


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